El Gobierno enfrenta tensiones crecientes, desgaste político y un clima social adverso, mientras la Casa Rosada apuesta a resistir sin cambios y pasar a la ofensiva.
sábado, 18 de abril de 2026
En el corazón del poder libertario, Karina Milei decidió avanzar sin concesiones. Lejos de ceder ante la presión política y mediática, la funcionaria refuerza su respaldo a Manuel Adorni, incluso en medio de cuestionamientos que ya impactan en la dinámica interna del Gobierno.
Cada vez que se sugiere un posible cambio en el Gabinete, la reacción es inmediata: más exposición pública, más actividad y una señal clara hacia adentro y hacia afuera. En el entorno presidencial lo sintetizan sin rodeos: “El Jefe” no está dispuesto a retroceder, y menos cuando interpreta los cuestionamientos como ataques personales.
Puertas adentro, el clima es otro. Ministros y funcionarios optan por el bajo perfil, reducen apariciones públicas y extreman cuidados incluso en conversaciones informales. La incomodidad es palpable. Un integrante del gabinete reconoce que se instaló una “dinámica de repliegue”, marcada por el desgaste que genera el caso Adorni.
El punto de inflexión fue el 10 de marzo, cuando trascendieron cuestionamientos por el uso de recursos oficiales vinculados a su entorno. Desde entonces, el oficialismo arrastra semanas de tensión constante, con dificultades para instalar agenda propia.
A esto se suma un rasgo cada vez más marcado en la conducción: la escasa tolerancia a la disidencia interna. Según relatan fuentes del espacio, el presidente Javier Milei reacciona con dureza ante críticas, lo que desalienta cualquier intento de debate dentro del equipo.
En niveles inferiores, las tensiones se expresan sin filtros. Cruces públicos como el de Lilia Lemoine con el influencer Daniel “Gordo Dan” Parisini reflejan un espacio atravesado por disputas internas no resueltas.
Mientras tanto, figuras del propio oficialismo y aliados marcaron distancia con Adorni. Desde Nicolás Márquez hasta Guillermo Francos y Cristian Ritondo cuestionaron su desempeño, alimentando el malestar.
Pese a ello, Karina Milei tomó dos decisiones clave: mantener a su colaborador fuera de la sobreexposición mediática directa, pero intensificar su presencia en actividades oficiales, y garantizar su presentación en el Congreso como una oportunidad para contraatacar políticamente.
La exposición de Adorni en Diputados promete ser un momento crítico. Con miles de preguntas presentadas por la oposición, el funcionario deberá enfrentar cuestionamientos sobre su patrimonio y actividades, en un clima de máxima tensión.
En el oficialismo apuestan a convertir esa instancia en una jugada política que exponga a la oposición, mientras que del otro lado anticipan un golpe fuerte para el Gobierno. El resultado es incierto, pero todos coinciden en que será un punto de inflexión.
En paralelo, la investigación judicial sigue su curso en Comodoro Py, con la intervención de los jueces Ariel Lijo y Gerardo Pollicita. En los últimos días se sumaron nuevas pruebas y testimonios que profundizan el expediente.
Dentro del Gobierno no descartan que aparezcan elementos que alivien la situación, aunque llama la atención que no se hayan presentado públicamente hasta ahora.
El impacto del caso no solo afecta la imagen del oficialismo, sino también la gestión. Proyectos clave, como el paquete de reformas estructurales anunciado en marzo, quedaron en pausa.
Aun así, la estrategia es clara: avanzar. La administración libertaria impulsa medidas como recursos ante la Corte Suprema para sostener su agenda económica, mientras el ministro Luis Caputo mantiene el ajuste fiscal como eje central.
El contexto económico tampoco ayuda. Encuestas recientes muestran una caída en la imagen presidencial y un aumento del rechazo a la gestión. La inflación, el endeudamiento de los hogares y la dificultad para llegar a fin de mes alimentan un clima de creciente malestar.
Incluso el propio Milei reconoció que “los últimos meses fueron duros”, en lo que muchos interpretaron como un inusual gesto de autocrítica.
Según análisis de la consultora Equilibra, la economía muestra sectores dinámicos como el agro o la minería, pero con bajo impacto en el empleo, mientras actividades clave como la industria y la construcción siguen en retroceso.
En medio de este escenario, el Presidente vuelve a apostar por la agenda internacional como vía de oxígeno político. Su reciente viaje a Israel, en el marco del Día de la Independencia de Israel, aparece como una pausa frente a la presión interna.
Sin embargo, el desafío principal lo espera a su regreso. Con una economía frágil, tensiones políticas crecientes y una sociedad cada vez más exigente, el Gobierno enfrenta un escenario donde sostener el rumbo sin ajustes políticos puede resultar cada vez más costoso.
