jueves, 19 de febrero de 2026
“Hay un camino que te lleva lejos, recórrelo con Fate”, sonaba hace medio siglo el single publicitario de la fábrica que ayer anunció su cierre, una de las más impactantes implosiones entre las miles de empresas que bajaron sus persianas con las políticas de Javier Milei. Cuando se señala el daño que el plan libertario ocasiona en la industria, la producción y el comercio nacional -y consecuentemente en los trabajadores y sus familias-, no se trata de referencias caprichosas. Con Fate no cae una pyme de amigos emprendedores, lo cual sería igualmente desolador, sino un emblema de la fabricación argentina.
FATE, fundada en 1940, en los mejores momentos de sus más de 85 años de historia llegó a emplear en forma directa a más de 2000 personas. Su planta ocupa un predio de 40 hectáreas y abarca una superficie cubierta de más de casi 160.000 metros cuadrados, con una capacidad productiva superior a los cinco millones de neumáticos por año. Llegó a exportar casi dos tercios de su producción total, destinada a los principales mercados del mundo, como Europa y los Estados Unidos. Fate fue tan grande que se convirtió en los años 80 en el auspiciante exclusivo en las camisetas de Boca Juniors y River Plate.
No pudo, en este 2026, resistir la crisis terminal de la industria y comunicó que cerrará de manera definitiva y dejará en la calle a cientos de obreros y empleados. Lo que mató al gigante fue la apertura descontrolada de las importaciones y el masivo ingreso de neumáticos chinos, que rompieron un récord de ingreso en 2025 y desplomaron las ventas de Fate. “Es imposible competir con China”, dicen en la empresa. Lo mismo les pasa a textiles, plásticos, metalúrgicos, etc. Fate abastecía al país y exportaba más de la mitad de su producción: actualmente entre el 85 y el 90 por ciento de los neumáticos en Argentina son importados. En su reciente agonía, Fate estaba trabajando al 30 por ciento de su capacidad. Actualmente Fate tenía 920 trabajadores en su planta de San Fernando, un número que también revela la disminución que venía sufriendo la fábrica, pero a los despedidos hay que sumar los tercerizados de limpieza y comedores, que lleva el número final de personas que quedan sin trabajo a más de mil. Una situación que no le pasaría a Donald Trump, tan admirado por Milei, porque Trump es un proteccionista de la industria de su país, que impone fuertes aranceles a quienes buscan entrar al mercado norteamericano. No le pasaría tampoco a alguien que gobernara para fortalecer su país, en lugar de sepultarlo en deudas y rifarlo al mejor postor a cambio de alimentar su cholulismo en viajes improductivos al exterior, mientras todo lo que se le confió cuidar se derrumba inexorablemente.
El Esquiú.com
